miércoles, 27 de enero de 2010

La hoja de papel

Salió corriendo, iba tarde y ya no le alcanzó el tiempo ni para desayunar, en medio de una gran prisa se topó con él, casi cae al suelo; se disculpó y siguió su camino..

Él la miró y sin poder entender por qué lo había visto sin verlo y siguió su camino sin decir otra cosa que un breve y casi inaudible “perdón”, no pudo entenderlo, no quiso creerlo, parecía como si él ya no existiera…

Siguió su camino sin entender lo que había ocurrido, con la misma prisa que ella y una gran confusión que lo hizo perder el camión, desesperado y confundido, envuelto en una red de recuerdos y nostalgia, sintiendo ese mismo dolor que lo atenazó al principio y que creyó olvidado. Ella olvidó el encuentro al instante, siguió su camino y se encerró en la paz de su oficina por el resto del día, entre los pendientes y las llamadas que atendió hasta la hora de la comida, no tuvo tiempo siquiera de comer, menos aún de pensar en tonterías.

Comió sola y poco, pues tenía que regresar pronto, había tanto por hacer…

Salió tarde y tomó el metro de regreso a su casa, al llegar cenó un poco de cereal, yogurt y dos horas de noticiero antes de perderse en los “brazos de morfeo”… Durmió mucho y hasta tarde, pero al despertar se sentía más cansada, sus sueños fueron mas pesadillas que otra cosa y cuando se despertó se dio cuenta de que no sólo había llorado dentro del sueño, pues su almohada estaba empapada, sin entender muy bien por qué lloraba, y sin recordar absolutamente nada del sueño, se levantó y se arregló deprisa pues una vez más era tarde para ir a trabajar…

Nunca más habría de recordar el rostro, ni el nombre de ese hombre que a lo lejos la miraba tomar el autobús, jamás entendería por qué su almohada estaba siempre empapada, ni por qué había tantos “huecos” en su memoria, vacíos que jamás podría llenar, hojas de un cuaderno que en un afán de olvido fueron incineradas para no recordarlas jamás…

No hay comentarios:

Publicar un comentario