Es la
última estación de una muy concurrida línea de metro en la ciudad; ella busca la
oportunidad de colarse en el último vagón y espera paciente hasta que la puerta
se abre, sube y recorre las hileras mirando bajo los asientos, buscando..
Termina
su recorrido, llega hasta el otro extremo del vagón donde otra pasajera le
sonríe amistosa, le regresa la sonrisa y se sienta. Cierra los ojos,
descansando mientras imagina su día...
Abre
los ojos y ve a los otros pasajeros, ropa formal mezclada con jeans, tacones,
uniformes escolares…
Todo
combinado en este heterogéneo ambiente metropolitano.
El tren avanza rápido y
pronto, como en un parpadeo llega a su destino, camina pensando en las muchas cosas
que hay que hacer, en las juntas con los "altos ejecutivos" esos que
parecieran un mito, que gobiernan el destino de otros y a los que muy rara vez
se les ve en las oficinas... Piensa en el estrés de la presentación con los
clientes, en la comida con su marido, que como ella es un exitoso ejecutivo en
"santa fe"... Imagina las muchas llamadas que tendrá que atender y
las muchas otras que deberá rechazar; después de todo es una mujer "muy
ocupada"... Llega a la reunión con los ejecutivos y escucha las
aterradoras palabras "reestructura"... Se estresa... Va con los
clientes y escucha mil peticiones imposibles que mas parecieran una carta a los
reyes magos que un verdadero acuerdo de negocios... Pelea con su marido por la
falta de tiempo, el exceso de trabajo y la imposibilidad de decirse cuanto se
aman y se necesitan de cualquier otra forma... Se siente tan cansada de esa
vida… Abre los ojos y para fortuna suya, el vagón no se ha movido de la última
estación, ella se levanta, toma sus utensilios, alisa la camisola de su uniforme
y tras volver a sonreirle a la pasajera, desciende y se aleja despacio,
sonriendo, feliz de haber escapado de ese que fue solo un mal viaje. Se aleja
del vagón, hacia el otro extremo del andén a la espera de la siguiente
aventura...
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